“No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta enmudeció la lira.
Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”
Gustavo Adolfo Bécquer
miércoles, 14 de agosto de 2013
miércoles, 26 de junio de 2013
"Hermanando Continentes 2013"
OFRENDA
Domingo
por la tarde en el bar de la terminal de ómnibus. Son casi las seis. Afuera, el
viento de agosto comienza a calmar sus bríos mientras el sol cae en picada.
Adentro, decenas de personas se guarecen del fresco atardecer. La mayoría
aguarda el coche que lo llevará a su lugar de destino. Otros concurren allí
simplemente porque les agrada. Los rostros se mezclan en la multitud. Algunos
se enfrentan, café o aperitivo mediante. Otros concentran su mirada en los
televisores del local, repartidos entre un partido de fútbol de poca relevancia
y un canal musical.
En
un rincón casi íntimo, junto al ventanal, una mesa vacía parece estar fuera de
la atención de los parroquianos. Todos por igual ignoran el pasado y el
presente de ese sector del recinto. Nadie sabe que allí, hace un año, una joven
pareja se sentó por última vez después de un largo y complejo noviazgo. Se
despidieron de buena forma y con una promesa en los labios… la de volver a
verse en un año, si así lo deseaban. Sería en la misma fecha y a la misma hora.
Sería en el mismo escenario. Luego tomaron prudencial distancia, en tiempo y
espacio.
Pasaron
los días y los meses hasta que el invierno volvió con su vetusto equipaje. El
momento del eventual reencuentro llegó. Pero son casi las seis, la hora
señalada, y la mesa sigue vacía. El laminado de su piel atesora mil coloquios,
entre ellos aquel juramento. Su corazón de aglomerado se impacienta. No quiere
que esa historia quede trunca, como si les hubiera tomado cariño a sus
protagonistas. Es que tantas veces se sentaron allí, mientras esperaban el
vehículo que llevaba al novio de regreso a su pueblo. Se aislaban en ese rincón
para tener algo de intimidad, aunque sus últimas conversaciones ya no fueron
tan amenas.
De
pronto una joven baja de un ómnibus e ingresa al local. Es una de esas tantas
floristas que venden rosas en las confiterías de la ciudad. Antes de emprender
su habitual caminata decide saciar su sed con una gaseosa. Para ello se ubica
junto a la citada mesa, única libre, con su colorido equipaje. Una imagen viene
a su mente… allí se sentaba una parejita a la que les vendió una flor en un par
de ocasiones. También recuerda que en una oportunidad, hace varios meses atrás,
no se animó a acercarse a ellos. El gesto adusto que ambos portaban la inhibió.
Una
extraña sensación de melancolía la invade. Parece intuir lo que sucederá en
breve. Luego de beber su refresco, decide dejar sobre el mueble una de sus
rosas. Posteriormente se aleja del lugar.
Son
las seis en punto. Nadie acude a la cita. Un amor acaba de morir,
definitivamente. Una ofrenda floral lo evoca, en medio de la indiferencia,
sobre la mesa del bar.
TRAMPA
¡Socorrooo!!!
¿Alguien puede oírmeee??? Abro mi redonda boca lo más que puedo y nadie me
escucha. ¡Aquí en la bolsaaa!!! ¡Me secuestrarooon!!! Como estoy hecho de un
valioso metal seguramente pedirán un alto rescate por mí. ¡Qué oscuro que está
aquí! Necesito de la luz para lucirme. Necesito volver a mi trono. Aquí mi
brillo pasa desapercibido. ¡Auxiliooo!!! Un momento… me parece que ya estuve en
este lugar alguna vez. Sí, ahora lo recuerdo. Fue en el invierno pasado,
durante un buen rato, en un gélido día. En otras ocasiones ingresé aquí en
busca de un pañuelo. O de alguna de esas monedas baratas, que no son de oro
como yo. Pero nunca lo había hecho solo, sino con mis cinco inseparables
compañeros. ¡Inseparables hasta hoy! ¡Traidores! Vieron como sus semejantes me
arrancaban de ellos y no hicieron nada para defenderme. ¡Creí que eran mis
amigos! Sobre todo el más arraigado a mí que no opuso resistencia alguna... ¡Qué
oscuro está aquí! Me siento solo y tengo miedo. Necesito de la luz como la luna
necesita del sol… ¿Qué ocurre? Oigo gemidos. Unos me suenan familiares. Los
otros no. ¿Dónde diablos estoy? Intentaré asomarme a espiar… Mhhhh… Esos
cuadros… Esas cortinas… No las he visto antes. Nunca estuve en esta habitación
antiguamente. Allí está mi amo. Es la primera vez que lo veo desde un par de
metros de distancia. Es la primera vez que diviso esa cama. ¡Y ese espejo! ¡Y
esa mujer!… ¡Ahora entiendo! Esa ignota mujer… no sé cómo se llama. Pero su
nombre, seguramente, no es el mismo que llevo grabado en mi dorado corazón…
Jorge Emilio Bossa
Mención de Honor Género Narrativa
XXXV Concurso
Internacional de Poesia y Narrativa
“Hermanando Continentes
2013”
Instituto Cultural Latinoamericano
viernes, 16 de noviembre de 2012
Premios "Hugo Wast 2012"
Las
nubes se desangraban
lentamente
aquella noche.
Los
comercios y los coches
sus
luces multiplicaban
sobre
las calles que daban
al
centro de la ciudad
más
brillo. En soledad,
una
mujer deambulaba
y su
mirada arrastraba
por la
áspera humedad.
Al
bullicio sabatino
ella
era indiferente.
Se
perdía entre la gente
con su
paso algo cansino.
Mientras
creaba un camino
para
continuar buscando,
se
preguntaba hasta cuándo
debía
peregrinar
para al
fin recuperar
lo que
le estaba faltando.
Una
presea valiosa
le
había sido robada
y, por
ello, en la calzada
era
poco cuidadosa.
Ella
estaba en otra cosa…
exploraba
las aceras,
los
umbrales, las vidrieras,
los
canteros y los bancos.
Su
pesquisa, tranco a tranco,
terca y
minuciosa era.
De
pronto su andar detuvo,
plena
de dudas y gozo.
Lanzó
entonces un sollozo.
Tanto
que anduvo y anduvo
y ante
sus pies al fin tuvo
lo que
buscó con tesón.
Allí,
entre el cordón
y un
charco del empedrado,
maltrecho
y algo embarrado
estaba
su corazón.
Trémula
se arrodilló
y lo
tomó suavemente
cuando
un hombre, gentilmente,
a
ayudarla se ofreció.
La
joven su vista alzó
y vio
una mano acercarse,
instándola
a levantarse.
Renovando
la ilusión,
puso en
ella el corazón.
Y no
volvió a equivocarse.
Jorge Emilio Bossa
Segundo
Premio - Género Poesía
Concurso
Literario “Hugo Wast” 2012
Las
Varillas (Cba.)
PEGASO
Él era un potro indómito que
escapaba a las riendas. La campiña surcaba con su trote desafiante. Ansiaba ser
tan libre como el viento y sortear las torpes alambradas que diariamente la
vida interponía a su paso.
Llegó aquella tarde borrascosa de
verano, en la que su terco anhelo empezó a cumplirse... Fue una agradable
sorpresa para ese brioso corcel ver posarse frente a su hocico a un
verborrágico cuervo, que del ennegrecido horizonte pareció desprenderse.
“Amigo... ¿quieres volar cómo lo
hacemos las aves? Sólo debes animarte, yo te puedo ayudar”; dijo el lúgubre
pájaro. El potro, sin dudar, aceptó con entusiasmo la tentadora propuesta. No
pensó en las consecuencias, sólo en su quimera.
Como por arte de magia, vio aquel
iluso equino florecer sobre su lomo dos grandes y blancas alas. La libertad tan
ansiada finalmente había hallado. Emulando a Pegaso extendió el bello plumaje,
se despegó del suelo y voló...
Tal proeza impidió que el pobre
animal escuchara el sarcástico graznido que el pajarraco emitió. Dicen que
nunca volvió a posar sus fuertes patas sobre la verde campiña.
Le ofrecieron alas... Le invitaron a
volar… Y en el azul infinito se extravió una fría mañana.
Jorge Emilio Bossa
Quinto
Premio - Género Cuento
Concurso
Literario “Hugo Wast” 2012
Las Varillas
(Cba.)
Esférica deidad
ESFÉRICA DEIDAD
El
verde firmamento vela la expectación.
Geométricas
figuras dibujan las estrellas
y
forman blancas líneas en toda su extensión,
al
aguardo de aquella seductora doncella.
Cuando
al fin aparece se enciende la pasión.
Miles
de corazones se rinden ante ella.
Es la
luna de cuero quien, desde su invención,
en la
historia del mundo ha dejado su huella.
Ella es
diosa pagana, esférica deidad;
ese
lindo juguete para el que no hay edad,
clase
social ni idioma… un inmenso crisol.
Y
rueda, brinca, vuela… Inspira a poetas
a
escribir en el césped un pase, una gambeta
o
aquella poesía más aclamada… el gol.
Jorge Emilio Bossa
Segunda
Mención Género Poesía
XVII
Concurso Literario
Rotary
Club La Falda
La
Falda (Cba.), Octubre de 2011
Mención
de Honor
Certamen
Internacional
“Escritura
Compartida 2012”
Los
Cocos (Cba.), Noviembre de 2012
Publicado
en la Antología
“Escritura
Compartida 2012”
C.E.N.
Ediciones
lunes, 24 de septiembre de 2012
Contrastes
CONTRASTES
Contrastan sus pardos barrotes
con el dorado resto de su cuero,
y caen cual baño de chocolate
que intenta endulzar su cautiverio.
Contrastan sus pardos barrotes
con los grises que tiene por delante,
interponiéndose entre sus fauces
y el albedrío que perdió hace tiempo.
Contrasta su transido encierro
con la alegría de su derredor,
mientras el mundo rueda indiferente
e ignora su absurdo dolor.
Pero más aún contrastan,
separadas por bastones toscos,
las feroces bestias que intimidan de un
lado
y las inocentes que penan del otro.
Jorge
Emilio Bossa
Primera Mención
II Concurso de Poesía “Letras para el
Café”
Feria del Libro, Córdoba, Septiembre de
2012
viernes, 14 de septiembre de 2012
Un amor indeleble
UN AMOR INDELEBLE
Siempre se encuentran allí, en el viejo
hotel. La habitación 115 es de su exclusividad. Cada vez que los dorados dedos
del sol resbalan por el azul cristal de la tarde, ella y él se preparan para
una nueva cita. Cuando el astro rey finalmente se hunde en la ciénaga del
ocaso, ellos reinician su danza febril.
Nada los detiene. Ya
nadie podrá hacerlo. Las añejas paredes del edificio son mudos testigos de un
romance tan pasional como perpetuo. La humedad de las mismas no se compara con
la de sus cuerpos. Esos cuerpos que vibran al son de cada beso, cada caricia,
cada entrega voraz…
Él siempre inicia el
ritual. Ella se deja llevar. Ambos reinciden en el pecado del que nunca fueron
absueltos. A pesar del alto precio que hace mucho tiempo pagaron.
Cada noche la cita se
repite. Indefinidamente. Como hace décadas. No necesitan estimulantes para
avivar la hoguera que los devora. El tiempo se detuvo para ellos. No para el
sitio que los alberga. Allí los muros lucen derruidos. El techo permite que
cada lluvia se filtre sin permiso alguno. La maleza, desafiante, gana terreno
entre las grietas de la construcción.
El abandono se adueñó del lugar. Para ello
tuvo como cómplice a la joven pareja. Ellos se encargaron de ahuyentar a
visitantes primero y a anfitriones después. Sus jadeos resultaron insoportables
para los mortales que aún se animaban a atravesar el robusto pórtico de
ingreso, luego de aquella trágica y lejana noche otoñal.
Con el paso de los años el hotel fue víctima
de varios saqueos. Sus lujosos muebles, sus vistosos cortinados, su fina
cristalería desaparecieron en gran proporción. Pero los cacos nunca se
atrevieron a ingresar a la habitación 115. En ella permanecen, intactos, todos
los objetos. Tal como quedaron aquel Viernes 13, marcado con sangre en los
calendarios de la época.
Aquella vez un hombre, enajenado por los
celos y el rencor, irrumpió en el cuarto. Estaba dispuesto a limpiar su honor.
Una filosa hoja de acero le sirvió para ese fin. La misma laceró también la
habitual serenidad del poblado, cuando un nuevo día nacía.
Los vestigios de la masacre aún permanecen,
indelebles, en cada rincón del recinto. Tan indelebles como aquel amor. Porque
el asesino no pudo con ellos, aunque creyó haberlo hecho.
Los
infortunados amantes fueron retirados en medio de la conmoción popular. Pero
sus almas nunca abandonaron la habitación. Sólo se desvanecen cuando la
alborada traspasa, indiscreta, los desvencijados postigos de su ventana.
Invariablemente, al expirar el día, el encuentro se renueva.
Mientras tanto ella y él siguen allí, en su
invariable y noctámbula guarida, hasta que la claridad los desaloje una vez
más. Cuando las noches son calladas, sus eróticos gemidos pueden oírse desde las
inmediaciones del viejo hotel. Para espanto de algunos. Para envidia de otros.
Jorge
Emilio Bossa
Tercer
Premio Género Cuento Corto
I Concurso
Literario “Manuel Torres”
Santa
María de Punilla (Cba.)
Septiembre
de 2012
Publicado en la antología "LA VOZ DE MI PUEBLO"
junto a escritores de S.M. de Punilla
Editado por Artegraff (V.C. Paz, Cba.), Septiembre de 2012
Publicado en la antología "EN ALAS DE UN SUEÑO"
Ediciones "Mis Escritos" (Bs. As.), Diciembre de 2013
jueves, 13 de septiembre de 2012
Navidad en la cruz
NAVIDAD EN LA CRUZ
Cuando
la mañana se desperezaba en la ciudad, él ya estaba allí. Una tenue e ilusa
sonrisa se dibujaba en su rostro, ese rostro mustio a pesar de su temprana
edad. Soñaba que podía ser su día de buenaventura. El pueblo comenzaba a
bosquejar una gran fiesta y él quizás participaría de la misma. Tal vez sería
invitado a compartir alguna mesa familiar. En el peor de los casos celebraría
aquella fecha con las dádivas recibidas en la puerta del shoping. Pero en
soledad. Rodeado de gente pero en soledad. Como siempre. Sólo lo acompañaría su
colega de hambrunas… un perrito garrapatoso y sin raza definida.
Pero
el monstruo de mil cabezas que danzaba a su alrededor no repararía en él. De
prisa y contra reloj, la gente gastaba y malgastaba sus últimos ahorros en
busca de víveres, regalos y cotillón navideño. La psicosis era general. La
conmemoración, comercial.
A
él nadie lo veía. Estaba allí, famélico y descalzo, esperando algún humilde
obsequio de una mano generosa. Íntimamente sabía que varios de los alimentos
comprados ni siquiera serían consumidos. Estarían unas semanas en la puerta de
una heladera o en el rincón de una alacena. Luego pasarían por un bote de
basura antes de llegar a sus manos. Tarde quizás.
El
día corrió de prisa, como cada 24 de Diciembre. La tarde se desangró sobre los
candentes aguijones de cemento y la noche trajo algo de calma. El niño y su
mascota se quedaron allí, en las inmediaciones de un shoping extrañamente
desierto. En el mismo aún se escuchaban los ecos de un Papá Noel multiplicado
que arrasó con sus góndolas. Un Papá Noel que aquel infante desconocía. Aquel
que se durmió acurrucado en la vereda desoyendo, como siempre, el sonoro
llamado de su pancita. Para colmo de males había refrescado y su andrajoso
atuendo ya era insuficiente.
De
pronto despertó sobresaltado. Navidad había llegado y el cielo se estremeció
con un estruendo multicolor. Su perrito se espantó de su lado. Con un hilo de
voz alcanzó a llamarlo pero fue en vano. El animal huyó despavorido. El pequeño
ya no tenía fuerzas para seguirlo. Resignado, comprendió que se había quedado
irreversiblemente solo. Justo en esa fecha de encuentros.
El
hambre, el frío, la tristeza, la soledad… eran clavos y espinas invisibles que
lo lastimaban sin piedad. Por ello cubrió con sus flácidos bracitos sus ojos y
oídos, como protegiéndose de tanta demencia, y se volvió a dormir.
Su
aturdimiento cesó lentamente. La locura que reinaba a su alrededor se
transformó en infinita paz. Mientras tanto, muchos celebraban bulliciosamente
el cumpleaños de Jesús. Ignoraban que allí, solo, en la puerta de un shoping,
Él acababa de morir...
Una vez más.
Una vez más.
Jorge Emilio Bossa
Tercer Premio Género Narrativa
Duodécimo
Concurso Literario Internacional
“Alfonsina
Storni”
S.A.D.E.
Secc. Marcos Juárez (Cba.), Julio de 2012
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




