VIDRIOS ROTOS
El
Deportivo Alma Fuerte, conocido popularmente como el “albo” de Santa Bárbara,
tiene su cancha de futbol en un poblado barrio de la citada localidad. El
estadio es de reducidas dimensiones, por falta de espacio físico, y los muros
perimetrales y las tribunas tienen escasa altura. Además, es muy estrecha la
distancia entre el alambrado olímpico y las líneas de cal. Las veredas que lo
circundan son angostas, al igual que sus calles, y por ello la arboleda también
es de exigua frondosidad. Abundan los crespones en derredor de aquel complejo
deportivo.
Por
dichas razones, las casas del vecindario se encuentran expuestas a un terrible
flagelo: a menudo estallan los cristales de sus ventanales, a causa de algún
pelotazo. Para colmo de males, los futbolistas de Alma Fuerte no se destacan
precisamente por hacer correr el balón contra el piso. Éste suele andar más por
el aire que sobre el césped, cuando juegan los “albos”.
A
menudo llegan las quejas de los enojados vecinos y alguna que otra factura,
reclamando un resarcimiento por los vidrios rotos. También piden que se
coloquen tejidos perimetrales más altos, para así contener a los esféricos
proyectiles. El presidente del club, Don Pietro Mascalzonne, responde
argumentando que Alma Fuerte no tiene los fondos suficientes para la solicitada
obra, debido a poseer un solo auspiciante publicitario para el primer equipo de
fútbol.
Así
pasan los partidos, siempre con alguna estruendosa consecuencia. Es frecuente
ver a las viviendas colindantes con las ventanas cerradas mientras se disputan
los partidos domingueros, pero a veces son sorprendidas durante alguna práctica
de mitad de semana. Incluso algunos pobladores tomaron la decisión de mudarse
de barrio, hartos de que sus lumbreras se conviertan en indefensos arcos de
fútbol.
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Pasados
los años, nada cambió en Santa Bárbara y en el Deportivo Alma Fuerte. Los
vidrios rotos son moneda corriente en el barrio, mientras el presidente del
club considera que a la institución le cuesta más barato pagar los daños que
modificar la infraestructura del estadio.
Nada
cambió, tampoco, en cada presentación del equipo de futbol. Domingo tras
domingo, sigue saliendo al campo de juego luciendo su tradicional camiseta blanca,
la que lleva estampada en el pecho la publicidad de su habitual sponsor:
“Cristalería El Pelotazo”, propiedad de Pietro Mascalzonne y única en su rubro
en toda la localidad.
Jorge Emilio Bossa
Mención de Honor
24º Certamen Internacional de Cuento
Ediciones Mis Escritos
Lanús (Bs. As.), diciembre de 2025

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