“No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta enmudeció la lira.
Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”
Gustavo Adolfo Bécquer

lunes, 15 de diciembre de 2025

Vidrios rotos

 

VIDRIOS ROTOS

 

El Deportivo Alma Fuerte, conocido popularmente como el “albo” de Santa Bárbara, tiene su cancha de futbol en un poblado barrio de la citada localidad. El estadio es de reducidas dimensiones, por falta de espacio físico, y los muros perimetrales y las tribunas tienen escasa altura. Además, es muy estrecha la distancia entre el alambrado olímpico y las líneas de cal. Las veredas que lo circundan son angostas, al igual que sus calles, y por ello la arboleda también es de exigua frondosidad. Abundan los crespones en derredor de aquel complejo deportivo.

 

Por dichas razones, las casas del vecindario se encuentran expuestas a un terrible flagelo: a menudo estallan los cristales de sus ventanales, a causa de algún pelotazo. Para colmo de males, los futbolistas de Alma Fuerte no se destacan precisamente por hacer correr el balón contra el piso. Éste suele andar más por el aire que sobre el césped, cuando juegan los “albos”.

 

A menudo llegan las quejas de los enojados vecinos y alguna que otra factura, reclamando un resarcimiento por los vidrios rotos. También piden que se coloquen tejidos perimetrales más altos, para así contener a los esféricos proyectiles. El presidente del club, Don Pietro Mascalzonne, responde argumentando que Alma Fuerte no tiene los fondos suficientes para la solicitada obra, debido a poseer un solo auspiciante publicitario para el primer equipo de fútbol.

 

Así pasan los partidos, siempre con alguna estruendosa consecuencia. Es frecuente ver a las viviendas colindantes con las ventanas cerradas mientras se disputan los partidos domingueros, pero a veces son sorprendidas durante alguna práctica de mitad de semana. Incluso algunos pobladores tomaron la decisión de mudarse de barrio, hartos de que sus lumbreras se conviertan en indefensos arcos de fútbol.

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Pasados los años, nada cambió en Santa Bárbara y en el Deportivo Alma Fuerte. Los vidrios rotos son moneda corriente en el barrio, mientras el presidente del club considera que a la institución le cuesta más barato pagar los daños que modificar la infraestructura del estadio.

 

Nada cambió, tampoco, en cada presentación del equipo de futbol. Domingo tras domingo, sigue saliendo al campo de juego luciendo su tradicional camiseta blanca, la que lleva estampada en el pecho la publicidad de su habitual sponsor: “Cristalería El Pelotazo”, propiedad de Pietro Mascalzonne y única en su rubro en toda la localidad.

 

Jorge Emilio Bossa

 

Mención de Honor

24º Certamen Internacional de Cuento

Ediciones Mis Escritos

Lanús (Bs. As.), diciembre de 2025




Carasucias

 

CARASUCIAS

 

Eugenio Cabrol era un destacado Director Técnico de la Liga Regional de Fútbol Amateur. Eugenio era un septuagenario disciplinado y cascarrabias. Para colmo de males, era entrenador del Deportivo Ganaderos de Cañada Plomiza, institución que priorizaba a los jugadores jóvenes en sus planteles. Por ello, se los conocía bajo el mote de “Los Carasucias”.

Cabrol ya no tenía mucha paciencia con sus dirigidos, quienes, por edad, bien podían ser sus nietos. Y los chicos eran unos cordobeses muy “fiesteros” como reza una folclórica canción provincial. Una de sus manías era armar una celebración nueva luego de cada gol convertido, con coreografías incluidas. No faltaron desde los “trencitos”, “botes”, “avioncitos”, “metrallas” y todo tipo de pantomimas, hasta posar para las cámaras fotográficas o hacerse selfies con celulares ajenos. Habían llegado a ensayar un festejo venezolano, visto en las redes sociales, que consistía en hacer levitar el balón de la conquista... Pero ninguno logró tanta magia.  

 

Lo negativo de tanta alegría era que les costaba un lento reacomodamiento en la cancha (a veces pagado en su propio arco) y un sinfín de tarjetas amarillas por festejos desmedidos. Eugenio tenía grabada a fuego la opinión de Bilardo con respecto a que sus jugadores debían ubicarse rápidamente en sus puestos, para no ser sorprendidos por el rival al reiniciarse el juego.

 

La gota que desbordó la copa fue una tarjeta roja, por doble amonestación, del volante central de Ganaderos tras ser sancionado antes y después de un gol de su equipo. Esa baja hizo que les empataran un partido favorable y Cabrol debió ponerse firme con el plantel. Ni hablar cuando se enteró que los “carasucias” lo apodaban “Cabrón”.

 

“¡Podríamos ser campeones, pero vivimos regalando puntos estúpidamente! ¡Pensamos más en los festejos de gol que en el partido! ¡Pero se terminaron los excesos! ¡El que se salga del libreto será sancionado! ¡Se acabó la joda!”

Los jóvenes nunca habían visto al técnico tan enojado. Nadie se atrevió a hacer el mínimo comentario. Sólo les restaba obedecer. Después de todo, apenas restaban cuatro fechas para finalizar el campeonato. Había que aguantarse las ganas de festejar.

 

El sermón del entrenador comenzó a dar sus frutos. Ganaderos consiguió tres victorias consecutivas gracias a la concentración de sus dirigidos, jugando a muerte dichos cotejos y celebrando sobriamente los tantos marcados. Eso le valió alcanzar, en soledad, la cima de la tabla de posiciones, tres puntos arriba de su escolta: La Tranquera Sport Club, de Villa Las Gramillas.

Precisamente, Deportivo Ganaderos y La Tranquera Sport Club se enfrentaban en la última fecha, en la cancha del primero. Con un empate y hasta perdiendo por un gol (ya que se definía por diferencia de goles en caso de empate en puntos, y llevaba tres de ventaja) los de Cañada Plomiza se consagrarían campeones. Eugenio les pidió el último esfuerzo a sus jugadores. La gloria estaba a un paso.

 

El cotejo fue cerrado y de pierna fuerte. Al promediar el segundo tiempo, la cantidad de amonestados (cinco por equipo) superaba largamente al 0 a 0 del resultado. Era un juego muy aburrido. Pero, a los 44’ de esa dicha etapa, todo cambió abruptamente…

Córner para Ganaderos. El líbero local fue a disputar la pelota aérea con el arquero visitante, en el área chica, anticipándolo luego de un leve roce físico entre ambos. El cabezazo del defensor terminó metiendo el balón dentro del arco.

Mientras los jugadores de La Tranquera reclamaban “carga” contra el portero, los “fiesteros” no pudieron contener tanta algarabía contenida por el agónico y significativo triunfo. Como no tenían ningún “bailecito” ensayado, corrieron a treparse al alambrado olímpico, logrando fastidiar a su entrenador por primera vez en la tarde.

Lo que no notaron fue que el asistente del sector en cuestión se quedó parado, marcándole la falta al árbitro. Cuando oyeron el silbato de este último cobrando la infracción, ya era tarde. Pasmados, vieron cómo el arquero visitante ponía rápidamente en juego el balón, sin rivales a la vista…

 

A Eugenio Cabrol casi le da un infarto. Ver al centrodelantero visitante desfilar en soledad hacia el desamparado arco del elenco local lo hizo entrar en crisis. Enajenado, corrió hacia el interior del campo de juego y cortó el avance, rechazando furibundamente el balón a la tribuna. Los jugadores de La Tranquera, enfadados por la desleal jugada, quisieron hacer justicia por mano propia y corrieron al entrenador hasta la boca del vestuario local, donde fue custodiado por la policía, integrantes del cuerpo técnico y futbolistas suplentes. Ni alcanzó ver que, al pasar cerca del referí, éste alzaba una tarjeta roja al aire exclusivamente para él. Mientras tanto, desde las alturas, los “titulares” miraban lo ocurrido con total remordimiento.

 

Cuando los jugadores visitantes vieron al juez con la pelota en sus manos, parado en el sitio de la interrupción del juego, lo rodearon como si éste tuviera la culpa de lo ocurrido. El capitán de La Tranquera lo increpó:

- Nos sacaron de las manos (mejor dicho, de los pies) el gol. ¿Ahora Ud. lo va a arreglar con un simple bote a tierra?

- Yo me aferro al reglamento. Ya expulsé al invasor y ahora debería reanudar el partido de este modo.

- ¡Nos parece injusto! ¡Estábamos a un gol de ganar el campeonato y nos hicieron trampa!

- Tranquilos. Yo dije que “debería” reanudar el partido, así como puedo seguir aplicando el reglamento…

 

Mientras tanto, desde una ventanita del vestuario local, Eugenio Cabrol espiaba el desenlace del encuentro en soledad. Nadie se animaba a acercarse a él. Estaba todavía agitado por la corrida que lo salvó de un linchamiento y colérico por la desobediencia de sus dirigidos. Íntimamente sabía que su mala acción podía costarle la carrera deportiva, pero aún guardaba la esperanza de retirarse campeón. No obstante, con sus pulsaciones aún aceleradas, había olvidado un detalle que lo terminaría de enajenar…

 

Cuando los futbolistas de Ganaderos volvieron al campo de juego, el árbitro los amonestó, uno por uno, por colgarse del alambrado. Luego tomó su libreta y repasó la lista de los cinco previamente sancionados, a quienes les mostró la tarjeta roja por segunda amarilla. Después procedió a suspender el partido, ya que el equipo local no contaba con el mínimo de jugadores necesarios (siete) para su reanudación.

 

Apodar “Cabrón” a Cabrol era poco en ese momento. Si primero ingresó a la cancha para evitar un gol, ahora quería hacerlo para estrangular a los “carasucias” uno por uno, así como fueron amonestados. La policía debió sacarlo esposado del vestuario y llevarlo sedado a su casa, recomendándole a su esposa que solicite asistencia sicológica en caso de no mejorar.

 

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Don Julio Tapiales era el presidente de la Liga Regional. También se desempeñaba como presidente del Tribunal de Disciplina de la misma, además de ser el único integrante. Si bien sus decisiones eran bastante estrafalarias, esta vez se ajustó a los estatutos globales y resolvió darle por ganado el partido a La Tranquera Sport Club por 3 a 0. El resultado, reglamentariamente irrefutable, no sólo les daba el triunfo a los visitantes. Por si eso fuera poco, también pasaban ellos a estar tres goles “average” (anglicismo ya en desuso en estas pampas) por encima de Ganaderos, consagrándose Campeones.

 

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Eugenio Cabrol estaba reponiéndose del disgusto de manera bastante calma en su domicilio, hasta que se enteró del dictamen del Tribunal de Disciplina. Aquella mañana su señora debió llamar a un servicio médico de emergencia cuando éste entró nuevamente en shock y empezó a destrozar todo en el interior de su casa. Eugenio terminó internado en una clínica neurosiquiátrica de una ciudad cercana, con chaleco de fuerza. Su esposa dio explicaciones a los enfermeros…

“Yo lo noté nervioso cuando le serví el habitual café con leche en el desayuno, al tiempo en que él conocía el fallo por medio de las noticias regionales en su celular. Pero su estado se agravó cuando, para mimarlo, le dije que le había comprado unas sabrosas carasucias”.

 

Jorge Emilio Bossa

 

Tercer Premio

Género: Narrativa - Categoría: Adultos

X Certamen Literario Nacional de Cuento y Poesía 2025 “Ciudad de 9 de Julio”

Biblioteca Popular “José Ingenieros”

9 de Julio (Bs. As.), noviembre de 2025



PREMIADOS EN X CERTAMEN LITERARIO NACIONAL DE CUENTO Y POESÍA 2025 “CIUDAD DE 9 DE JULIO”

                               

NARRATIVA ADULTOS:

 

Primer Premio: “Violeta” - Luis Sánchez - “La Reja” (Bs.As.)

Segundo Premio: “El viejo” - Norberto Calul - Wilde (Bs.As.)

Tercer Premio: “Carasucias” - Jorge Bossa - San Francisco (Córdoba)

Cuarto Premio: “El vestido rojo de satén” - Pablo César Colombo - Zárate (Bs.As.)                  

 

Menciones Nacionales:

“La Sixta” - Armando Fuselli - Mar del Plata (Bs.As.)                  

“Se partió en mil pedazos” - Ana Vivani - 9 de Julio (Bs.As.)                  

“Mariposas en la panza” - Patricia Berra - Ana Vivani - 9 de Julio (Bs.As.)

                                      

Menciones de Honor:

“Jamón del sangwiche” - Mónica Apella - 9 de Julio (Bs.As.)

“Sin respuesta” - Mónica Pérez - 9 de Julio (Bs.As.)

“El encuentro” - Sandra Soria - 9 de Julio (Bs.As.)

 

POESÍA ADULTOS:

 

Primer Premio: “Madre de mis sueños” - Juan Carlos Viale - Cañuelas (Bs.As.)

Segundo Premio: “Madreselva” - Luis Sánchez - La Reja (Bs.As.)

Tercer Premio: “Ese paisaje de campo” - Norberto Calul - Wilde (Bs.As.)

 

Menciones Nacionales:

“Escenario” - Oscar Castellanos - 9 de Julio

“Ave Fénix” - Andrés Baodoino - Ciudad de Buenos Aires

“Hoy quisiera” - Alicia Salazar - Casares

 

Menciones de Honor:

“Remolinos” - Alicia Coronel - Junín

“Tal vez” - María Rosa Rzepka - Florencio Varela

“Y aun así” - Florencia Zambaglione - 9 de Julio

miércoles, 3 de diciembre de 2025

El banco rojo

 

EL BANCO ROJO

 

Cuando Gerardo ingresó a la pinturería de Don Pablo, luego de tanto tiempo, éste no lo reconoció. Ya tenía cincuenta años, usaba anteojos y sus cabellos eran un tanto canos. Luego, al darse cuenta de quién se trataba, fingió no reconocerlo. A Gerardo no lo sorprendió la conducta del viejo comerciante. Hacía unas horas que había vuelto al barrio y notado la fría indiferencia de sus vecinos de toda la vida. Dolido, compró los productos que necesitaba y se marchó.

 

Cuando se dirigió a la centenaria plaza, después de un largo período, sintió cómo la angustia le perforaba el pecho. Se encaminó hacia el banco que estaba al pie del palo borracho y observó que aún conservaba la misma estructura de hierro sobre su base de cemento. Las tablas de madera habían sido reemplazadas, pero casualmente necesitaban una mano de color.     

 

Mientras se hundía en un imaginario túnel del tiempo, acudieron a su mente varias tardes vividas en ese sector del parque. Tardes felices en las que Silvia y él, entre besos y arrumacos, se juraban eterno amor. Alejados ya de aquel banco, la convivencia les demostró que no todo sería como lo soñaron.

 

Las lágrimas empañaban su mirada. Gerardo abrió la bolsa con el material recién comprado. Primero, con una fina hoja de lija, comenzó a pulir la madera y el metal. Inmediatamente, extrajo pincel y solvente, destapó el tarro de pintura roja y comenzó a desarrollar su tarea. El pulso le temblaba. Las iniciales pinceladas bermejas regresaron a su mente las imágenes del horror, las que nunca pudo borrar de su memoria. Estuvo a punto de desistir de su labor, pero debía consumarla. Se lo prometió a él mismo, al enterarse de aquella iniciativa nacida en Italia, que había comenzado a expandirse en nuestro país.

 

Cuando pudo serenarse, continuó. Cada esbozo era como una mancha de sangre que cubría el añejo asiento. Sentía que ya nada le quedaba por hacer en la vida que cumplir con su juramento.

 

Al terminar con el rojo, esperó que este color se oree al sol, mientras recordaba aquel “Silvia y Gerardo” que talló rudimentariamente con una puntiaguda llave en el respaldo del banco y que el paso del tiempo se llevó. Unos minutos más tarde aplicó sus conocimientos sobre escritura gótica, habilidad adquirida en tantos años de encierro. Gracias a ello trazó, ahora con prolijas letras blancas, un: “Perdón, Silvia”.

 

Seguidamente se marchó de la plaza, pensando que había terminado de pagar todas sus deudas. Pero la indiferencia general le demostraba lo contrario. La sociedad le daba vuelta la cara.

 

Quien realmente no lo registró fue una octogenaria mujer, de mirada extraviada, con la que se cruzó en una angosta vereda…

Y esta vez fue Gerardo, preso de la culpa y la vergüenza, el que fingió no reconocerla.

 

Jorge Emilio Bossa

 

Primera Mención Género Cuento

Concurso Literario Nacional Bienal 2025

Organizado por: Campana Amanecer Literario (C.A.L.)

Campana (Bs. As.), noviembre de 2025