CARASUCIAS
Eugenio Cabrol era un destacado Director Técnico de la
Liga Regional de Fútbol Amateur. Eugenio era un septuagenario disciplinado y
cascarrabias. Para colmo de males, era entrenador del Deportivo Ganaderos de
Cañada Plomiza, institución que priorizaba a los jugadores jóvenes en sus
planteles. Por ello, se los conocía bajo el mote de “Los Carasucias”.
Cabrol ya no tenía mucha paciencia con sus dirigidos,
quienes, por edad, bien podían ser sus nietos. Y los chicos eran unos
cordobeses muy “fiesteros” como reza una folclórica canción provincial. Una de
sus manías era armar una celebración nueva luego de cada gol convertido, con
coreografías incluidas. No faltaron desde los “trencitos”, “botes”,
“avioncitos”, “metrallas” y todo tipo de pantomimas, hasta posar para las
cámaras fotográficas o hacerse selfies con celulares ajenos. Habían llegado a
ensayar un festejo venezolano, visto en las redes sociales, que consistía en
hacer levitar el balón de la conquista... Pero ninguno logró tanta magia.
Lo negativo de tanta alegría era que les costaba un lento
reacomodamiento en la cancha (a veces pagado en su propio arco) y un sinfín de
tarjetas amarillas por festejos desmedidos. Eugenio tenía grabada a fuego la
opinión de Bilardo con respecto a que sus jugadores debían ubicarse rápidamente
en sus puestos, para no ser sorprendidos por el rival al reiniciarse el juego.
La gota que desbordó la copa fue una tarjeta roja, por
doble amonestación, del volante central de Ganaderos tras ser sancionado antes
y después de un gol de su equipo. Esa baja hizo que les empataran un partido
favorable y Cabrol debió ponerse firme con el plantel. Ni hablar cuando se
enteró que los “carasucias” lo apodaban “Cabrón”.
“¡Podríamos ser campeones, pero vivimos regalando puntos
estúpidamente! ¡Pensamos más en los festejos de gol que en el partido! ¡Pero se
terminaron los excesos! ¡El que se salga del libreto será sancionado! ¡Se acabó
la joda!”
Los jóvenes nunca habían visto al técnico tan enojado.
Nadie se atrevió a hacer el mínimo comentario. Sólo les restaba obedecer.
Después de todo, apenas restaban cuatro fechas para finalizar el campeonato.
Había que aguantarse las ganas de festejar.
El sermón del entrenador comenzó a dar sus frutos.
Ganaderos consiguió tres victorias consecutivas gracias a la concentración de
sus dirigidos, jugando a muerte dichos cotejos y celebrando sobriamente los
tantos marcados. Eso le valió alcanzar, en soledad, la cima de la tabla de
posiciones, tres puntos arriba de su escolta: La Tranquera Sport Club, de Villa
Las Gramillas.
Precisamente, Deportivo Ganaderos y La Tranquera Sport
Club se enfrentaban en la última fecha, en la cancha del primero. Con un empate
y hasta perdiendo por un gol (ya que se definía por diferencia de goles en caso
de empate en puntos, y llevaba tres de ventaja) los de Cañada Plomiza se
consagrarían campeones. Eugenio les pidió el último esfuerzo a sus jugadores.
La gloria estaba a un paso.
El cotejo fue cerrado y de pierna fuerte. Al promediar el
segundo tiempo, la cantidad de amonestados (cinco por equipo) superaba
largamente al 0 a 0 del resultado. Era un juego muy aburrido. Pero, a los 44’
de esa dicha etapa, todo cambió abruptamente…
Córner para Ganaderos. El líbero local fue a disputar la
pelota aérea con el arquero visitante, en el área chica, anticipándolo luego de
un leve roce físico entre ambos. El cabezazo del defensor terminó metiendo el
balón dentro del arco.
Mientras los jugadores de La Tranquera reclamaban “carga”
contra el portero, los “fiesteros” no pudieron contener tanta algarabía
contenida por el agónico y significativo triunfo. Como no tenían ningún
“bailecito” ensayado, corrieron a treparse al alambrado olímpico, logrando fastidiar
a su entrenador por primera vez en la tarde.
Lo que no notaron fue que el asistente del sector en
cuestión se quedó parado, marcándole la falta al árbitro. Cuando oyeron el
silbato de este último cobrando la infracción, ya era tarde. Pasmados, vieron
cómo el arquero visitante ponía rápidamente en juego el balón, sin rivales a la
vista…
A Eugenio Cabrol casi le da un infarto. Ver al
centrodelantero visitante desfilar en soledad hacia el desamparado arco del
elenco local lo hizo entrar en crisis. Enajenado, corrió hacia el interior del
campo de juego y cortó el avance, rechazando furibundamente el balón a la
tribuna. Los jugadores de La Tranquera, enfadados por la desleal jugada,
quisieron hacer justicia por mano propia y corrieron al entrenador hasta la
boca del vestuario local, donde fue custodiado por la policía, integrantes del
cuerpo técnico y futbolistas suplentes. Ni alcanzó ver que, al pasar cerca del
referí, éste alzaba una tarjeta roja al aire exclusivamente para él. Mientras
tanto, desde las alturas, los “titulares” miraban lo ocurrido con total
remordimiento.
Cuando los jugadores visitantes vieron al juez con la
pelota en sus manos, parado en el sitio de la interrupción del juego, lo
rodearon como si éste tuviera la culpa de lo ocurrido. El capitán de La
Tranquera lo increpó:
- Nos sacaron de las manos (mejor dicho, de los pies) el
gol. ¿Ahora Ud. lo va a arreglar con un simple bote a tierra?
- Yo me aferro al reglamento. Ya expulsé al invasor y
ahora debería reanudar el partido de este modo.
- ¡Nos parece injusto! ¡Estábamos a un gol de ganar el
campeonato y nos hicieron trampa!
- Tranquilos. Yo dije que “debería” reanudar el partido,
así como puedo seguir aplicando el reglamento…
Mientras tanto, desde una ventanita del vestuario local,
Eugenio Cabrol espiaba el desenlace del encuentro en soledad. Nadie se animaba
a acercarse a él. Estaba todavía agitado por la corrida que lo salvó de un
linchamiento y colérico por la desobediencia de sus dirigidos. Íntimamente
sabía que su mala acción podía costarle la carrera deportiva, pero aún guardaba
la esperanza de retirarse campeón. No obstante, con sus pulsaciones aún
aceleradas, había olvidado un detalle que lo terminaría de enajenar…
Cuando los futbolistas de Ganaderos volvieron al campo de
juego, el árbitro los amonestó, uno por uno, por colgarse del alambrado. Luego
tomó su libreta y repasó la lista de los cinco previamente sancionados, a
quienes les mostró la tarjeta roja por segunda amarilla. Después procedió a
suspender el partido, ya que el equipo local no contaba con el mínimo de
jugadores necesarios (siete) para su reanudación.
Apodar “Cabrón” a Cabrol era poco en ese momento. Si
primero ingresó a la cancha para evitar un gol, ahora quería hacerlo para
estrangular a los “carasucias” uno por uno, así como fueron amonestados. La
policía debió sacarlo esposado del vestuario y llevarlo sedado a su casa,
recomendándole a su esposa que solicite asistencia sicológica en caso de no
mejorar.
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Don Julio Tapiales era el presidente de la Liga Regional.
También se desempeñaba como presidente del Tribunal de Disciplina de la misma,
además de ser el único integrante. Si bien sus decisiones eran bastante
estrafalarias, esta vez se ajustó a los estatutos globales y resolvió darle por
ganado el partido a La Tranquera Sport Club por 3 a 0. El resultado,
reglamentariamente irrefutable, no sólo les daba el triunfo a los visitantes.
Por si eso fuera poco, también pasaban ellos a estar tres goles “average”
(anglicismo ya en desuso en estas pampas) por encima de Ganaderos,
consagrándose Campeones.
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Eugenio Cabrol estaba reponiéndose del disgusto de manera
bastante calma en su domicilio, hasta que se enteró del dictamen del Tribunal
de Disciplina. Aquella mañana su señora debió llamar a un servicio médico de
emergencia cuando éste entró nuevamente en shock y empezó a destrozar todo en
el interior de su casa. Eugenio terminó internado en una clínica
neurosiquiátrica de una ciudad cercana, con chaleco de fuerza. Su esposa dio
explicaciones a los enfermeros…
“Yo lo noté nervioso cuando le serví el habitual café con
leche en el desayuno, al tiempo en que él conocía el fallo por medio de las
noticias regionales en su celular. Pero su estado se agravó cuando, para
mimarlo, le dije que le había comprado unas sabrosas carasucias”.
Jorge Emilio Bossa
Tercer Premio
Género: Narrativa - Categoría: Adultos
X Certamen Literario Nacional de
Cuento y Poesía 2025 “Ciudad de 9 de Julio”
Biblioteca Popular “José Ingenieros”
9 de Julio (Bs. As.), noviembre de
2025
PREMIADOS EN X CERTAMEN LITERARIO NACIONAL DE CUENTO Y
POESÍA 2025 “CIUDAD DE 9 DE JULIO”
NARRATIVA ADULTOS:
Primer Premio: “Violeta” -
Luis Sánchez - “La Reja” (Bs.As.)
Segundo Premio: “El viejo” - Norberto Calul - Wilde
(Bs.As.)
Tercer Premio: “Carasucias” - Jorge Bossa - San Francisco
(Córdoba)
Cuarto Premio: “El vestido rojo de satén” - Pablo
César Colombo - Zárate (Bs.As.)
Menciones Nacionales:
“La Sixta” - Armando Fuselli - Mar del Plata
(Bs.As.)
“Se partió en mil pedazos” - Ana Vivani - 9 de Julio
(Bs.As.)
“Mariposas en la panza” - Patricia Berra - Ana Vivani
- 9 de Julio (Bs.As.)
Menciones de Honor:
“Jamón del sangwiche” - Mónica Apella - 9 de Julio
(Bs.As.)
“Sin respuesta” - Mónica Pérez - 9 de Julio (Bs.As.)
“El encuentro” - Sandra Soria - 9 de Julio (Bs.As.)
POESÍA ADULTOS:
Primer Premio: “Madre de mis sueños” - Juan Carlos
Viale - Cañuelas (Bs.As.)
Segundo Premio: “Madreselva” - Luis Sánchez - La Reja
(Bs.As.)
Tercer Premio: “Ese paisaje de campo” - Norberto Calul
- Wilde (Bs.As.)
Menciones Nacionales:
“Escenario” - Oscar Castellanos - 9 de Julio
“Ave Fénix” - Andrés Baodoino - Ciudad de Buenos Aires
“Hoy quisiera” - Alicia Salazar - Casares
Menciones de Honor:
“Remolinos” - Alicia Coronel - Junín
“Tal vez” - María Rosa Rzepka - Florencio Varela
“Y aun así” - Florencia Zambaglione - 9 de Julio