“No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta enmudeció la lira.
Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”
Gustavo Adolfo Bécquer

lunes, 15 de diciembre de 2025

Vidrios rotos

 

VIDRIOS ROTOS

 

El Deportivo Alma Fuerte, conocido popularmente como el “albo” de Santa Bárbara, tiene su cancha de futbol en un poblado barrio de la citada localidad. El estadio es de reducidas dimensiones, por falta de espacio físico, y los muros perimetrales y las tribunas tienen escasa altura. Además, es muy estrecha la distancia entre el alambrado olímpico y las líneas de cal. Las veredas que lo circundan son angostas, al igual que sus calles, y por ello la arboleda también es de exigua frondosidad. Abundan los crespones en derredor de aquel complejo deportivo.

 

Por dichas razones, las casas del vecindario se encuentran expuestas a un terrible flagelo: a menudo estallan los cristales de sus ventanales, a causa de algún pelotazo. Para colmo de males, los futbolistas de Alma Fuerte no se destacan precisamente por hacer correr el balón contra el piso. Éste suele andar más por el aire que sobre el césped, cuando juegan los “albos”.

 

A menudo llegan las quejas de los enojados vecinos y alguna que otra factura, reclamando un resarcimiento por los vidrios rotos. También piden que se coloquen tejidos perimetrales más altos, para así contener a los esféricos proyectiles. El presidente del club, Don Pietro Mascalzonne, responde argumentando que Alma Fuerte no tiene los fondos suficientes para la solicitada obra, debido a poseer un solo auspiciante publicitario para el primer equipo de fútbol.

 

Así pasan los partidos, siempre con alguna estruendosa consecuencia. Es frecuente ver a las viviendas colindantes con las ventanas cerradas mientras se disputan los partidos domingueros, pero a veces son sorprendidas durante alguna práctica de mitad de semana. Incluso algunos pobladores tomaron la decisión de mudarse de barrio, hartos de que sus lumbreras se conviertan en indefensos arcos de fútbol.

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Pasados los años, nada cambió en Santa Bárbara y en el Deportivo Alma Fuerte. Los vidrios rotos son moneda corriente en el barrio, mientras el presidente del club considera que a la institución le cuesta más barato pagar los daños que modificar la infraestructura del estadio.

 

Nada cambió, tampoco, en cada presentación del equipo de futbol. Domingo tras domingo, sigue saliendo al campo de juego luciendo su tradicional camiseta blanca, la que lleva estampada en el pecho la publicidad de su habitual sponsor: “Cristalería El Pelotazo”, propiedad de Pietro Mascalzonne y única en su rubro en toda la localidad.

 

Jorge Emilio Bossa

 

Mención de Honor

24º Certamen Internacional de Cuento

Ediciones Mis Escritos

Lanús (Bs. As.), diciembre de 2025




Carasucias

 

CARASUCIAS

 

Eugenio Cabrol era un destacado Director Técnico de la Liga Regional de Fútbol Amateur. Eugenio era un septuagenario disciplinado y cascarrabias. Para colmo de males, era entrenador del Deportivo Ganaderos de Cañada Plomiza, institución que priorizaba a los jugadores jóvenes en sus planteles. Por ello, se los conocía bajo el mote de “Los Carasucias”.

Cabrol ya no tenía mucha paciencia con sus dirigidos, quienes, por edad, bien podían ser sus nietos. Y los chicos eran unos cordobeses muy “fiesteros” como reza una folclórica canción provincial. Una de sus manías era armar una celebración nueva luego de cada gol convertido, con coreografías incluidas. No faltaron desde los “trencitos”, “botes”, “avioncitos”, “metrallas” y todo tipo de pantomimas, hasta posar para las cámaras fotográficas o hacerse selfies con celulares ajenos. Habían llegado a ensayar un festejo venezolano, visto en las redes sociales, que consistía en hacer levitar el balón de la conquista... Pero ninguno logró tanta magia.  

 

Lo negativo de tanta alegría era que les costaba un lento reacomodamiento en la cancha (a veces pagado en su propio arco) y un sinfín de tarjetas amarillas por festejos desmedidos. Eugenio tenía grabada a fuego la opinión de Bilardo con respecto a que sus jugadores debían ubicarse rápidamente en sus puestos, para no ser sorprendidos por el rival al reiniciarse el juego.

 

La gota que desbordó la copa fue una tarjeta roja, por doble amonestación, del volante central de Ganaderos tras ser sancionado antes y después de un gol de su equipo. Esa baja hizo que les empataran un partido favorable y Cabrol debió ponerse firme con el plantel. Ni hablar cuando se enteró que los “carasucias” lo apodaban “Cabrón”.

 

“¡Podríamos ser campeones, pero vivimos regalando puntos estúpidamente! ¡Pensamos más en los festejos de gol que en el partido! ¡Pero se terminaron los excesos! ¡El que se salga del libreto será sancionado! ¡Se acabó la joda!”

Los jóvenes nunca habían visto al técnico tan enojado. Nadie se atrevió a hacer el mínimo comentario. Sólo les restaba obedecer. Después de todo, apenas restaban cuatro fechas para finalizar el campeonato. Había que aguantarse las ganas de festejar.

 

El sermón del entrenador comenzó a dar sus frutos. Ganaderos consiguió tres victorias consecutivas gracias a la concentración de sus dirigidos, jugando a muerte dichos cotejos y celebrando sobriamente los tantos marcados. Eso le valió alcanzar, en soledad, la cima de la tabla de posiciones, tres puntos arriba de su escolta: La Tranquera Sport Club, de Villa Las Gramillas.

Precisamente, Deportivo Ganaderos y La Tranquera Sport Club se enfrentaban en la última fecha, en la cancha del primero. Con un empate y hasta perdiendo por un gol (ya que se definía por diferencia de goles en caso de empate en puntos, y llevaba tres de ventaja) los de Cañada Plomiza se consagrarían campeones. Eugenio les pidió el último esfuerzo a sus jugadores. La gloria estaba a un paso.

 

El cotejo fue cerrado y de pierna fuerte. Al promediar el segundo tiempo, la cantidad de amonestados (cinco por equipo) superaba largamente al 0 a 0 del resultado. Era un juego muy aburrido. Pero, a los 44’ de esa dicha etapa, todo cambió abruptamente…

Córner para Ganaderos. El líbero local fue a disputar la pelota aérea con el arquero visitante, en el área chica, anticipándolo luego de un leve roce físico entre ambos. El cabezazo del defensor terminó metiendo el balón dentro del arco.

Mientras los jugadores de La Tranquera reclamaban “carga” contra el portero, los “fiesteros” no pudieron contener tanta algarabía contenida por el agónico y significativo triunfo. Como no tenían ningún “bailecito” ensayado, corrieron a treparse al alambrado olímpico, logrando fastidiar a su entrenador por primera vez en la tarde.

Lo que no notaron fue que el asistente del sector en cuestión se quedó parado, marcándole la falta al árbitro. Cuando oyeron el silbato de este último cobrando la infracción, ya era tarde. Pasmados, vieron cómo el arquero visitante ponía rápidamente en juego el balón, sin rivales a la vista…

 

A Eugenio Cabrol casi le da un infarto. Ver al centrodelantero visitante desfilar en soledad hacia el desamparado arco del elenco local lo hizo entrar en crisis. Enajenado, corrió hacia el interior del campo de juego y cortó el avance, rechazando furibundamente el balón a la tribuna. Los jugadores de La Tranquera, enfadados por la desleal jugada, quisieron hacer justicia por mano propia y corrieron al entrenador hasta la boca del vestuario local, donde fue custodiado por la policía, integrantes del cuerpo técnico y futbolistas suplentes. Ni alcanzó ver que, al pasar cerca del referí, éste alzaba una tarjeta roja al aire exclusivamente para él. Mientras tanto, desde las alturas, los “titulares” miraban lo ocurrido con total remordimiento.

 

Cuando los jugadores visitantes vieron al juez con la pelota en sus manos, parado en el sitio de la interrupción del juego, lo rodearon como si éste tuviera la culpa de lo ocurrido. El capitán de La Tranquera lo increpó:

- Nos sacaron de las manos (mejor dicho, de los pies) el gol. ¿Ahora Ud. lo va a arreglar con un simple bote a tierra?

- Yo me aferro al reglamento. Ya expulsé al invasor y ahora debería reanudar el partido de este modo.

- ¡Nos parece injusto! ¡Estábamos a un gol de ganar el campeonato y nos hicieron trampa!

- Tranquilos. Yo dije que “debería” reanudar el partido, así como puedo seguir aplicando el reglamento…

 

Mientras tanto, desde una ventanita del vestuario local, Eugenio Cabrol espiaba el desenlace del encuentro en soledad. Nadie se animaba a acercarse a él. Estaba todavía agitado por la corrida que lo salvó de un linchamiento y colérico por la desobediencia de sus dirigidos. Íntimamente sabía que su mala acción podía costarle la carrera deportiva, pero aún guardaba la esperanza de retirarse campeón. No obstante, con sus pulsaciones aún aceleradas, había olvidado un detalle que lo terminaría de enajenar…

 

Cuando los futbolistas de Ganaderos volvieron al campo de juego, el árbitro los amonestó, uno por uno, por colgarse del alambrado. Luego tomó su libreta y repasó la lista de los cinco previamente sancionados, a quienes les mostró la tarjeta roja por segunda amarilla. Después procedió a suspender el partido, ya que el equipo local no contaba con el mínimo de jugadores necesarios (siete) para su reanudación.

 

Apodar “Cabrón” a Cabrol era poco en ese momento. Si primero ingresó a la cancha para evitar un gol, ahora quería hacerlo para estrangular a los “carasucias” uno por uno, así como fueron amonestados. La policía debió sacarlo esposado del vestuario y llevarlo sedado a su casa, recomendándole a su esposa que solicite asistencia sicológica en caso de no mejorar.

 

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Don Julio Tapiales era el presidente de la Liga Regional. También se desempeñaba como presidente del Tribunal de Disciplina de la misma, además de ser el único integrante. Si bien sus decisiones eran bastante estrafalarias, esta vez se ajustó a los estatutos globales y resolvió darle por ganado el partido a La Tranquera Sport Club por 3 a 0. El resultado, reglamentariamente irrefutable, no sólo les daba el triunfo a los visitantes. Por si eso fuera poco, también pasaban ellos a estar tres goles “average” (anglicismo ya en desuso en estas pampas) por encima de Ganaderos, consagrándose Campeones.

 

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Eugenio Cabrol estaba reponiéndose del disgusto de manera bastante calma en su domicilio, hasta que se enteró del dictamen del Tribunal de Disciplina. Aquella mañana su señora debió llamar a un servicio médico de emergencia cuando éste entró nuevamente en shock y empezó a destrozar todo en el interior de su casa. Eugenio terminó internado en una clínica neurosiquiátrica de una ciudad cercana, con chaleco de fuerza. Su esposa dio explicaciones a los enfermeros…

“Yo lo noté nervioso cuando le serví el habitual café con leche en el desayuno, al tiempo en que él conocía el fallo por medio de las noticias regionales en su celular. Pero su estado se agravó cuando, para mimarlo, le dije que le había comprado unas sabrosas carasucias”.

 

Jorge Emilio Bossa

 

Tercer Premio

Género: Narrativa - Categoría: Adultos

X Certamen Literario Nacional de Cuento y Poesía 2025 “Ciudad de 9 de Julio”

Biblioteca Popular “José Ingenieros”

9 de Julio (Bs. As.), noviembre de 2025



PREMIADOS EN X CERTAMEN LITERARIO NACIONAL DE CUENTO Y POESÍA 2025 “CIUDAD DE 9 DE JULIO”

                               

NARRATIVA ADULTOS:

 

Primer Premio: “Violeta” - Luis Sánchez - “La Reja” (Bs.As.)

Segundo Premio: “El viejo” - Norberto Calul - Wilde (Bs.As.)

Tercer Premio: “Carasucias” - Jorge Bossa - San Francisco (Córdoba)

Cuarto Premio: “El vestido rojo de satén” - Pablo César Colombo - Zárate (Bs.As.)                  

 

Menciones Nacionales:

“La Sixta” - Armando Fuselli - Mar del Plata (Bs.As.)                  

“Se partió en mil pedazos” - Ana Vivani - 9 de Julio (Bs.As.)                  

“Mariposas en la panza” - Patricia Berra - Ana Vivani - 9 de Julio (Bs.As.)

                                      

Menciones de Honor:

“Jamón del sangwiche” - Mónica Apella - 9 de Julio (Bs.As.)

“Sin respuesta” - Mónica Pérez - 9 de Julio (Bs.As.)

“El encuentro” - Sandra Soria - 9 de Julio (Bs.As.)

 

POESÍA ADULTOS:

 

Primer Premio: “Madre de mis sueños” - Juan Carlos Viale - Cañuelas (Bs.As.)

Segundo Premio: “Madreselva” - Luis Sánchez - La Reja (Bs.As.)

Tercer Premio: “Ese paisaje de campo” - Norberto Calul - Wilde (Bs.As.)

 

Menciones Nacionales:

“Escenario” - Oscar Castellanos - 9 de Julio

“Ave Fénix” - Andrés Baodoino - Ciudad de Buenos Aires

“Hoy quisiera” - Alicia Salazar - Casares

 

Menciones de Honor:

“Remolinos” - Alicia Coronel - Junín

“Tal vez” - María Rosa Rzepka - Florencio Varela

“Y aun así” - Florencia Zambaglione - 9 de Julio

miércoles, 3 de diciembre de 2025

El banco rojo

 

EL BANCO ROJO

 

Cuando Gerardo ingresó a la pinturería de Don Pablo, luego de tanto tiempo, éste no lo reconoció. Ya tenía cincuenta años, usaba anteojos y sus cabellos eran un tanto canos. Luego, al darse cuenta de quién se trataba, fingió no reconocerlo. A Gerardo no lo sorprendió la conducta del viejo comerciante. Hacía unas horas que había vuelto al barrio y notado la fría indiferencia de sus vecinos de toda la vida. Dolido, compró los productos que necesitaba y se marchó.

 

Cuando se dirigió a la centenaria plaza, después de un largo período, sintió cómo la angustia le perforaba el pecho. Se encaminó hacia el banco que estaba al pie del palo borracho y observó que aún conservaba la misma estructura de hierro sobre su base de cemento. Las tablas de madera habían sido reemplazadas, pero casualmente necesitaban una mano de color.     

 

Mientras se hundía en un imaginario túnel del tiempo, acudieron a su mente varias tardes vividas en ese sector del parque. Tardes felices en las que Silvia y él, entre besos y arrumacos, se juraban eterno amor. Alejados ya de aquel banco, la convivencia les demostró que no todo sería como lo soñaron.

 

Las lágrimas empañaban su mirada. Gerardo abrió la bolsa con el material recién comprado. Primero, con una fina hoja de lija, comenzó a pulir la madera y el metal. Inmediatamente, extrajo pincel y solvente, destapó el tarro de pintura roja y comenzó a desarrollar su tarea. El pulso le temblaba. Las iniciales pinceladas bermejas regresaron a su mente las imágenes del horror, las que nunca pudo borrar de su memoria. Estuvo a punto de desistir de su labor, pero debía consumarla. Se lo prometió a él mismo, al enterarse de aquella iniciativa nacida en Italia, que había comenzado a expandirse en nuestro país.

 

Cuando pudo serenarse, continuó. Cada esbozo era como una mancha de sangre que cubría el añejo asiento. Sentía que ya nada le quedaba por hacer en la vida que cumplir con su juramento.

 

Al terminar con el rojo, esperó que este color se oree al sol, mientras recordaba aquel “Silvia y Gerardo” que talló rudimentariamente con una puntiaguda llave en el respaldo del banco y que el paso del tiempo se llevó. Unos minutos más tarde aplicó sus conocimientos sobre escritura gótica, habilidad adquirida en tantos años de encierro. Gracias a ello trazó, ahora con prolijas letras blancas, un: “Perdón, Silvia”.

 

Seguidamente se marchó de la plaza, pensando que había terminado de pagar todas sus deudas. Pero la indiferencia general le demostraba lo contrario. La sociedad le daba vuelta la cara.

 

Quien realmente no lo registró fue una octogenaria mujer, de mirada extraviada, con la que se cruzó en una angosta vereda…

Y esta vez fue Gerardo, preso de la culpa y la vergüenza, el que fingió no reconocerla.

 

Jorge Emilio Bossa

 

Primera Mención Género Cuento

Concurso Literario Nacional Bienal 2025

Organizado por: Campana Amanecer Literario (C.A.L.)

Campana (Bs. As.), noviembre de 2025




sábado, 1 de noviembre de 2025

Un opaco amanecer

 

UN OPACO AMANECER

 

Las últimas horas de aquella noche fueron más oscuras que nunca. La luna y su ejército de tachas habían desaparecido misteriosamente.

Ni hablar de lo que fue el amanecer, sin arreboles pintarrajeados en las nubes ni resplandor en el cielo.

Todo era gris… Los árboles habían perdido sus hojas, a pesar de estar en primavera, y las flores, los pájaros y las mariposas, sus gamas multicolores.

La villa serrana lucía cruelmente triste para quienes abrían sus ojos a aquella opaca mañana. Hasta los cerros parecían desteñidos. Nadie entendía lo sucedido.

 

Mientras tanto, en un chalet de dicha localidad, Alejo y Gina procedían a levantarse de la cama. Mientras ella ponía la pava a calentar para tomar unos mates en el desayuno, él miraba su celular para enterarse de las últimas noticias. Lo primero que leyó fue sobre la muerte de un reconocido vecino del poblado…

 

- Gina, falleció Don Pantaleón.

- ¿El artista plástico?

- Bah, ese viejo loco que decía ser artista, como si se hubiese ganado la vida pintando cuadros. No tenía ni dónde caerse muerto.

- Y sí. Tenía una casucha humilde, heredada de sus padres, y una bicicleta.

- Nada tenía y nada se llevó…

 

“Nadie se lleva nada de este mundo -aseguró la mujer- y menos ese vago.”

Acto seguido se dispuso a abrir la ventana a la calle, al tiempo que esperaba deleitarse con el habitual paisaje…

 

Jorge Emilio Bossa

 

Segundo Premio

Certamen Literario Nacional de Cuento “25º Aniversario Biblioteca Popular La Tradición”

Sociedad de Fomento y Biblioteca Popular “La Tradición” y Asociación Civil “Horizonte Sur”

Villa Udaondo (Bs. As.), septiembre de 2025




 











PREMIOS DEL CERTAMEN LITERARIO NACIONAL DE CUENTOS

CATEGORÍA “ADULTOS”

 

Primer Premio: Tomás Hernández
Segundo Premio: Jorge Emilio Bossa
Tercer premio: María Virginia Conde y Jorge Andrés Jaime.
Mención Especial a la escritora ituzainguense: Micaela Santana.

CATEGORÍA “JUVENILES”

 

Primer Premio: Rosario Gallo
Segundo Premio: Candela Senesi
Tercer premio: Valentina Casagerone y Micaela Gómez
Menciones Especiales a las autoras ituzainguenses: Liz González Caballero y Julieta Vallavela

 

Jurado: Lidia Bracco, Laura Spoliansky y Ricardo Krakobsky




sábado, 14 de junio de 2025

Vuelo

 

VUELO

 

Pecho blanco, alas azules,

áureo el corazón…

Vuela alto, vuela lejos…

No tengas temor.

 

Nunca detengas tu viaje…

Confíanos el nido

en el que naciste, hace

ya más de dos siglos.

 

Vuela, águila guerrera,

vuela en son de paz…

Que la sangre tu plumaje

no salpique más.

 

Vuela con las alas límpidas,

inmaculado el pecho…

A ti y a tu creador

siempre honraremos.

 

Jorge Emilio Bossa

 

Primer Premio - Género Poesía - Categoría Adultos

Concurso de Arte y Literatura Puente de palabras XXII

Premio “Bandera de la Paz”

Rosario (Santa Fe), junio de 2025




 








GANADORES EN LA CATEGORÍA ADULTOS

 

CONCURSO POESÍA:

 

1er Premio - VUELO - Jorge Emilio Bossa

2do Premio - CALMA INTERIOR - Marisa Isabel Medrano

3er Premio - HUELLAS - Silvana Repetti

4to Premio - LUNA DE OCTUBRE - Nilda Gedimi

5to Premio - POR UN TIEMPO MEJOR - Liliana Bonato

 

1ra Mención - NIÑA DE LUNA - Maritxé Abadi Bueno

2da Mención - ATAJOS - Liliana Acquaviva

3ra Mención - EN EL SUSURRO DEL VIENTO - María Nidia Decoud

4ta Mención - OCASO ILUMINADO - Marta Toro

5ta Mención - CREACIÓN - Gabriela Alzogaray

 

CONCURSO MICRORRELATO:

 

1er Premio - DESDE LA PIEL - María Rosa Rzepka

2do Premio - GRATITUD - María Posse

3er Premio - EL HADA DE LOS SUEÑOS - Maricel Peralta

4to Premio - DESILUSIÓN - Mirta Frea

5to Premio - ESPÍRITU DEL BOSQUE - Patricia Maldonado

 

1ra Mención - SOY PARTE DE MI TIERRA - Andrés Baodoino

2da Mención - LA LUZ ROTA DE LA CALLE - Betsabé Aquaroli

3ra Mención - AROMA A MATE - Wilfredo Bernaola

 

CONCURSO CUENTO O NARRATIVA:

 

1er Premio - CAMINO MI CIUDAD - Elías Galati

2do Premio - EL AMANECER DEL COLTAN - Francisco Araya Pizarro

3er Premio - DESGRACIA - Diana Blanco

4to Premio - AGUJEROS - Betty Santella

5to Premio - SOLEDADES - Stella Maris Gamba

 

1ra Mención - LA CAUTIVADA CULTIVADORA - Susana Moreno

2da Mención - EL ÚLTIMO VIAJE - Graciela Rossetti

3ra Mención - VALIOSAS AMISTADES - Isabel Galán

4ta Mención - CRÓNICA HÍPICA - Juan Carlos Chaparro

5ta Mención - CACHILO - Delia Díaz

 

Los trabajos seleccionados integran el libro “PUENTE DE PALABRAS XXII”



miércoles, 30 de abril de 2025

Apariencias

 

APARIENCIAS

 

Engañosa imagen…

 

Ella allí se muestra

candorosa y bella,

con su cuerpo enhiesto

y su dermis suave

y a la vez fragante…

Tan plena de vida

en las apariencias.

 

Mas todo es mentira…

 

Pues de un modo absurdo,

al verla tan pura,

al verla indefensa,

cortaron sus venas

y la condenaron

a una muerte abrupta

y a la vez tan lenta.

 

Quizás no exista

cadáver más bello

que el que ahora luce

bajo una mortaja

hecha en celofán,

en un ataúd

de fino cristal,

mientras se desangra

de parsimoniosa

y burda manera.

 

Por eso les ruego

que ofrendas no envíen

para sus exequias.

 

Para flores muertas…

¡Basta con ella!

 

Jorge Emilio Bossa

 

Mención Nacional Género Poesía

22º Certamen Literario Nacional y Países de América del Sur 2024

Premio: “Sra. Nilda Aurelia Hernández”

Los Toldos (Bs. As.), abril de 2025




La revancha

 

LA REVANCHA

 

La cancha del Crespín Futbol Club, ubicada en las afueras de Colonia El Crespín, tenía una particularidad: solo una calle la separaba del Cementerio Comunal. El motivo era que Don Onofrio Sojola, un productor local y socio fundador del club, había donado un par de hectáreas de sus campos para la construcción de dicho estadio. Eligió para ello las más próximas a la zona urbana, razón por la cual se dio esa curiosa vecindad.

 

Los domingos por la tarde, el "centro" del pueblo se mudaba al sector sur del mismo. Los futbolistas, de un lado de la calle, y los santos difuntos del otro, convocaban a casi toda la población.

 

Don Onofrio fue el primer presidente del Crespín Futbol Club, como reconocimiento a su valiosa donación. Cuando falleció, a edad muy avanzada en una mañana estival, la institución decidió realizar un cuadrangular amistoso en su honor, con una copa en juego que llevaría su nombre.

Invitaron a tres clubes de la zona y programaron dicho torneo para febrero, antes del inicio de la actividad oficial. Debido a las altas temperaturas, los dirigentes optaron porque el torneo se dispute en horario nocturno, algo totalmente inusual aun disponiendo de iluminación artificial.

 

El equipo local abrió el torneo, homenajes de por medio, frente al Deportivo La Taba de Villa Verde. Lo que los organizadores no tuvieron en cuenta fue que en el electo visitante jugaba el "Patón" Carbonetti, un líbero de torpes movimientos y con una "patada de mula", según decían los aficionados.

 

A los quince minutos de iniciado el cotejo, el recio defensor, quien no dudaba en "reventarla" para evitar complicaciones, ya había mandado al camposanto a dos de los tres balones que el club organizador había dispuesto para el evento deportivo.

 

El nuevo presidente del Crespín Futbol Club envió al utilero a cruzar la calle y solicitarle al guardia del cementerio permiso para buscarlos. El asistente empalideció y se negó, no solo a ingresar a ese lugar de noche, sino a arrimarse siquiera a la tétrica imagen del sereno del lugar. El mandamás les solicitó a algunos integrantes de la Comisión Directiva con idéntica respuesta, mientras él mismo no se ofrecía para tal misión.

 

Cuando promediaba el primer tiempo, La Taba dispuso de un tiro libre a treinta metros del arco local, que daba espaldas al cementerio. Cuando el presidente vio al "Patón" acomodar el balón, se agarró la cabeza. En ese momento prefirió que la clavara en un ángulo antes de meterla dentro de un panteón...

 

Sucedió algo parecido a lo segundo: la pelota pasó por encima del travesaño, la tribuna, la calle y el muro del cementerio.

Final del partido y de las actividades nocturnas en el club. El torneo fue reprogramado en horario vespertino.

 

Al día siguiente, con las primeras luces del alba y antes de ir a su trabajo, el presidente del Crespín F. C. en persona fue al camposanto con la intención de recuperar los balones perdidos. Se sorprendió al hallar el portal cerrado, sin la presencia del sereno. Justo en ese momento se apersonó el guardia matutino. Pidió disculpas por el retraso y le explicó que debió dirigirse a la casa de su antecesor a buscar las llaves, ya que aquel había huido despavorido por lo sucedido unas horas antes.

Sorprendido, el dirigente escuchó el relato que le contaba que Omar, el vigilador nocturno, oyó ruidos y gritos provenientes del interior del cementerio. Cuando se asomó a ver lo que ocurría, un pelotazo se estrelló en la pared, a escasos centímetros de su cabeza. Allí no dudó. Cerró con llave y escapó del lugar para no volver por el resto de la noche.

 

El presidente pidió permiso y, acompañado del guardia, ingresó a buscar los balones. Asombrados, vieron varios destrozos en el lugar, desde flores y floreros en el suelo hasta el vitral roto en un panteón. La primera pelota que hallaron estaba pinchada, cerca de los vidrios que la habían dañado. La segunda lucía ilesa. Pero la sorpresa mayor fue al ver, cerca de la tercera y en los fondos del predio, dos pares de mortajas dobladas ante sendos tapiales opuestos, emulando a "los arcos del campito".

 

El directivo dejó la esférica donde estaba y le pidió al cuidador que haga lo mismo con la deportiva escena. "Compraré otras pelotas para el club. Seguramente, esta noche la revancha será apasionante" comentó.

 

"Le pediré a mi colega que no se asuste, que es solo un juego", respondió el guardia…

 

Luego aprovechó la ocasión para hacerle, indirectamente, un reproche al presidente del Crespín por la falta de refuerzos para la institución: "Mejor no los enfrentemos nunca. Es muy probable que estos muertos nos ganen".

 

Jorge Emilio Bossa

 

Mención Nacional en Cuento

22º Certamen Literario Nacional y Países de América del Sur 2024

Premio: “Sra. Nilda Aurelia Hernández”

Los Toldos (Bs. As.), abril de 2025